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domingo, 10 de enero de 2016

Joaquín Vásquez Aguilar: Un poema y un retrato

QUIZÁ OCURRA

quizá ocurra que el mar valga la pena
que resulte fantástico rascarse
que tengan razón los que me desprecian
quizá no sea bueno hablar mucho del dolor
y sea más útil colaborar con la muerte pensándola con ganas

también es posible que uno esté equivocado
al ponerse a cavilar en serio sobre la vida
y a lo mejor jugar futbol tenga su esencia

pueda ser que el sombrero sea más importante que el sol

y lo más probable es que el muerto esté bien muerto

quizá reír, llorar,

amar


quizá

De Cuaderno perdido, Casa de Cultura de Juchitán, 1989, p. 5.

miércoles, 1 de abril de 2015

Rosario Castellanos. Un poema...

Portada. Poesía no eres tú de Rosario Castellanos


ELEGÍAS DEL AMADO FANTASMA



PRIMERA ELEGÍA

I

Inclinada, en tu orilla, siento cómo te alejas.
Trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y fríos.
Huyen contigo todas las nítidas imágenes.
el hondo y alto cielo,
los astros imantados, la vehemencia
ingrávida del canto.

Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se tienden como brazos en el aire
y quieren prolongarse en bandadas de pájaros
para seguirte adonde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina
la luz desenvolviéndose, la luz que se desata.

Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.


II

Allá está el mar que no reposa nunca.

Allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma,
las olas retumbando y persiguiéndose.
Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.


III

Yo quedaré dormida como el árbol
al que no abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni coronan los nidos
ni rasgan su corteza verdes retoños tiernos.
Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al escombro de un espejo roto.

Si alguna vez me inclino como ahora
con un ademán trémulo de sauce
habrá de ser para asomarme en vano
al opaco arenal que abandonaste.



SEGUNDA ELEGÍA

I

Convaleciente de tu amor y débil
como el que ha aposentado largamente en sí mismo
agonías y fiebres,
salgo, purificada y tambaleante,
al reclamo de calles y de patios.
¡Qué algarabía de ruidos confusos y de olores
mezclados! ¡Qué agresivo
desorden de colores esparcidos!

Con los cinco sentidos sellados yo percibo
en mansedumbre el sol sobre mi espalda.

Las hormigas circulan a mis plantas.

Si alguien me sacudiera despertara
en un extraño mundo, frágil y húmedo,
como bañado en lágrimas.


II

No es en el costado la herida, ni en las sienes.
Las manos palparían sin hallarla
y el que escuche las quejas atiende señas falsas
y confía en palabras inexactas.
No es siquiera una herida. Es el cimiento
roído de gusanos, la escalera
incompleta y las aguas estancadas.


III

Arrullo mi dolor como una madre a su hijo
o me refugio en él como el hijo en su madre
alternativamente poseedora y poseída.
No supe aquella tarde
que cuando yo decía adiós y decías muerte.

Ahora ya no es posible saber nada.

Para dejar caer, rendida, en mi cabeza
busco una piedra lisa por almohada.
No pido más que un limbo de soledad y hastío
que albergue mi ternura derrotada.



TERCERA ELEGÍA

I

Como la cera blanda, consumida
por una llama pálida, mis días
se consumen ardiendo en tu recuerdo.
Apenas iluminas el túnel de silencio
y el espanto impreciso
hacia el que paso a paso voy entrando.

Algo vibra en mi ser que aún protesta
contra el alud de olvido
que arrastra en pos de sí todas las cosas.
¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme,
alumbrar como una lámpara
alimentada de tu vivo aceite
en una hoguera poderosa y clara!

Pero ya nada alcanza a rescatarme
de la tristeza inerte que  me apaga.

Grandes espacios ciernen finas nieblas
entre tu rostro y los que ahí te borran.
Tu voz es casi un eco
y lejos resplandece tu mirada.


II

Como queriendo sorprender tu ausencia
desnuda, abro las puertas de improviso
y acecho las ventanas entornadas.

Encuentro las estancias desiertas y sombrías
donde el vacío congela sus perfiles
ciñéndose a la línea de tu cuerpo.

Es como una profunda y simple copa
para beber la integridad del llanto.


III

Tal ves no estés aquí dominando mis ojos,
dirigiendo mi sangre, trabajando en mis células,
galvanizando un pulso de tinieblas.

Tal vez no sea mi pecho la cripta que te guarda.

Pero yo sería si no fuera
este castillo en ruinas que ronda tu fantasma.



(Rosario Castellanos, Poesía no eres tú, Obra poética (1948-1971), México, FCE, 2012. pp. 40-44)

viernes, 24 de julio de 2009

Joaquín Vásquez Aguilar


Joaquín Vásquez Aguilar [Cuerpo adentro]
Rescatado de la librería de viejo "El laberinto" de la ciudad de México, libro de poemas editado por la UNACH en 1978.


Poema con muerte acalorada
Me pongo a discutir con mi muerte
y me acaloro
y nos acaloramos
y en llamas
seguimos discutiendo
se necesitan trancas
fuertes sogas
ríos enfurecidos
para detener mi muerte
mi muerte me echó a correr como un caballo
agárrate
viento
que traigo
mi muerte relinchando
mi muerte desbocada
¡ay!
mi enloquecida muerte.

A petición del mar
Escribo
como el que por primera vez se ve las manos
y tiene sed
y bebe golondrinas
no dejo más huella
que la de mis pies en la arena del mundo
porque como nací pájaro
crecí árbol
y llegué camino
sólo tuve la vecindad del viento
su puerta
su morral
su tinaja de agosto
juegos
hermanos
abuelos (con su tos y todo)
tíos
novias
y padres
morenos diariamente
resbalándoles el sol
para el maíz
(por eso recuerdo siempre
alegría de camisa rota
y corazón alrededor)
pero los juegos se quedaron en las calles
después las novias en las cartas
y un día
los abuelos nos vistieron de negro
y el pueblo en fin
partió en caballo hacia el recuerdo
qué queda, pues, entonces
sino siempre el viento y sus historias
y nuestra espalda con su dolencia de estaciones
y unas ganas inmensas de retornar
quién sabe a dónde.

Poema descontento
Esto de andar un poco descontento
de mendigar un poco la palmada
para la diaria soledad
para la dieta terca de media claridad al día
es como estar enfermo.
porque a fines de junio
ha retoñado el corazón con las primeras lluvias,
con la primera tierra,
con el primer olor del viento y de la novia
uno se dice que vive, no hay duda.
uno se dice la alegría mojándole la risa.
uno se dice mereciendo los niños y sus juegos.
pero luego el calor,
el aire duro como una estatua.
pero luego la ventana
toda ojos siempre en espera
en el acontecer del sol
y de la calle.
Y esto de despertar y no poder abrir el alba.
de caminar y no llegar al otro lado de la puerta.
de querer saludar a todos
y no mover la mano.
es como estar la muerte
ofreciendo su imagen.
entonces
a entera oscuridad
el corazón pierde sus hojas.

Cuerpo adentro
Si creciera
noche
a
noche
paso
a
paso
a
renoche
si creciera
hasta agotar la oscuridad
lo negro
el cero último
si creciera
como un asomo de violín
de violín
de guitarrón
de ronco sismo hacia el volcán
si creciera
horizontal en paz como la línea del agua.

Regresos
Ya no tiene remedio
ya no tiene remedio esta lluvia
que horizontal te busca
te persigue
cuando escapa de mis poros
un palmo del desierto que me hiciste
ya no tiene remedio el agua
el río que soy desde mi puerto solo
ya no tiene remedio el cántaro que llevo
en la quemazón del medio día
no me moja la luz donde no estás
ya no tiene remedio
pero vuelvo siempre
a tu arena querida
a tu frescor
vuelvo
así sea en ráfagas
así en cabizbajo amor
así en altar abandonado.
Joaquín Vásquez Aguilar, Cuerpo adentro, México, UNACH, 1978.