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domingo, 4 de agosto de 2024

CUATRO POEMAS / HEBERTO PADILLA

(Cuba, 1932 - EE. UU., 2000)








POÉTICA

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.


PARA ESCRIBIR EN EL ÁLBUM DE UN TIRANO

Protégete de los vacilantes,
porque un día sabrán lo que no quieren.
Protégete de los balbucientes,
de Juan-el-gago, Pedro-el-mudo,
porque descubrirán un día su voz fuerte.
Protégete de los tímidos y los apabullados,
porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres.


CADA VEZ QUE REGRESO DE ALGÚN VIAJE

Cada vez que regreso de algún viaje
me advierten mis amigos que a mi lado se oye un gran 
estruendo.
Y no es porque declare con aire soñador
lo hermoso que es el mundo
o gesticule como si anduviera
aún bajo el acueducto romano de Segovia.
Puede ocurrir que llegue
sin agujero en los zapatos,
que mi corbata tenga otro color,
que mi pelo encanezca,
que todas las muchachas recostadas en mi hombro
dejen en mi pecho su temblor,
que esté pegando gritos o se hayan vuelto 
definitivamente sordos mis amigos.


EN TIEMPOS DIFÍCILES

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva.

 

(De Fuera de juego, Cuba: Aditor, 1968).

Imagen: de la revista Vuela palabra, 2022. 

domingo, 28 de julio de 2024

TRES POEMAS / Roque Dalton

(San Salvador, 1935 - ibíd. 1975)









LAS FEAS PALABRAS
 
En la garganta de un beodo muerto
se quedan las palabras que despreció la poesía.
Yo las rescato con manos de fantasma
con manos piadosas es decir
ya que todo lo muerto tiene la licuada piedad
de su propia existencia.
Furtivamente os las abandono:
feas las caras sucias bajo el esplendor de las lámparas
babeantes sobre su desnudez deforme
los dientes y los párpados apretados esperando
                el bofetón.
Amadlas también os digo. Reñid a la poesía
la limpidez de su regazo.
Dotadlas de biografía ilustre.
Limpiadles la fiebre de la frente
y rodeadlas de serenas frescuras
para que participen también de nuestra fiesta.


 
EL GRAN DESPECHO
 
País mío no existes Sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo
Antes creía que solamente eras muy chico
y que no alcanzabas a tener de una vez Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de ti
Ello me alegra porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios
Soy pues un diosecillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo tú eres ex-patria)


SAUDADE
 
Lo que me ha dado la vida
caballos impermeables
riéndose a cada rato
de mis numerosos resfriados.
También una manera de ser comunista
que el día que se ponga de moda
una de dos:
pero mejor me callo.
También un corazón que ya abusa.
Y una muchacha que indudablemente
debió pensarlo mejor.
La vida se llevó en cambio todos mis poemas
escritos en un barrilete casi meteorológico
y se llevó mi viejo traje de payaso
mi olor de amigo tonto
mi sonrisa que da ganas de llorar
e inclusive un poquito de hambre.
Así que
mejor apártense de mi camino.


(De Una antología levemente odiosa. Poemas de Roque Dalton, selección y prólogo Óscar de Pablo, Brigada para leer en libertad, México, 2016).

Imagen: BBC News Mundo.

viernes, 12 de julio de 2024

EN LA SECRETA CASA DE LA NOCHE / Jorge Teillier

(Lautaro, 1935 - Viña del Mar, 1996)

Imagen tomada del medio La Rioja








Cuando ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche
a la hora en que los pescadores furtivos
reparan sus redes tras los matorrales,
aunque todas las estrellas cayeran
yo no tendría ningún deseo que pedirles.

Y no importa que el viento olvide mi nombre
y pase dando gritos burlones
como un campesino ebrio que vuelve de la feria,
porque ella y yo estamos ocultos
en la secreta casa de la noche.

Ella pasea por mi cuarto
como la sombra desnuda
de los manzanos en el muro,
y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua
para una fiesta de ángeles perdidos.

El temporal del último tren
pasa remeciendo las casas de madera.
Las madres cierran todas las puertas
y los pescadores furtivos van a repletar sus redes
mientras ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche.


(De Poemas del país del nunca jamás, Colección El viento en la llama, Dirección de Armando Menedín, 1963)

martes, 21 de mayo de 2024

[ROMA] / José Carlos Becerra

Fotografía tomada del INBAL

Un poema extraño que cierra la antología El otoño recorre las islas (1973) de José Carlos Becerra (Villahermosa, 1936-Brindisi, 1970), es sin duda "[Roma]" (pp. 245-246), escrito en la etapa final del poeta, y que suma muchas pretensiones respecto a la configuración de la imagen en el poema que, a su vez interpreta una tendencia cultivada, por la que se le tiene en concepto como poeta de las imágenes, poeta de la mirada, exuberante y recargado al estilo modernista. No obstante, todo esto pertenece a la catalogación de una estilística que dio frutos, de los cuales se espera una crítica que apunte a descifrar e interpretar lo que verdaderamente importa en la vida y obra de un poeta, concretamente en el poema.

Es por eso que, este brevísimo análisis tiene como propósito subrayar la intención poética y vislumbrar posibilidades de lectura, ante un hecho visual como lo es la construcción del paisaje, que se presenta como una revelación de la mirada contemplativa para traer a flote, pensamientos y sentimientos del autor, que los asocia a una experiencia.   

De José Carlos Becerra se ha dicho mucho, por lo que solo precisaré aquí que, en mayo del presente se conmemora el 88 aniversario de su natalicio y 54 aniversario luctuoso (21 y 27 de mayo respectivamente). 

En "[Roma]", como en muchos de sus poemas se nos presenta un paisaje en relación al sujeto lírico que explaya sus ideas, sus visiones y su fuerte apego a una especie de teorización de la imagen. Es esta una inclinación en el poeta, pero también una vía para conectar su poética con lo visual. Además, otra estrategia que prevalece en su forma de poetizar en general, es el uso del intertexto, que se ve aquí con la toma de un verso de Gustavo Adolfo Bécquer ("Rima LIII", 1871), que funciona como puente referencial para conectarnos con una sensación de pérdida, justo uno de los temas más logrados en la poética de Becerra. Una pérdida que se traduce en duelo y fatalidad. Aquí la palabra muerte es solo una seña que se traza para asentar una idea, no de la muerte, sino de la "imagen" que se tiene de la muerte, tema que, es recurrente en las poéticas universales, y que está más que presente en los últimos poemas del autor en su trayecto final a su destino. El viaje del cual ya no se llegarían a culminar sus metas, muy lejos de su entorno en su país de origen.

Disfrutemos este poemas que se cree fue uno de los últimos encontrados en sus notas de viaje, posterior a la identificación de su cuerpo, y que fue tomado por los antologadores (Pacheco y Zaid) para cerrar la colección del libro referido líneas arriba. Lo curioso es que, la última estrofa no cierra como comúnmente se debe, con el punto final, sino con una coma, que propone una pausa, hasta cierto punto, dado el trágico final del poeta, como un suspenso. Algo que no cae todavía, y se mantiene levitando como un cuerpo.

Colección propia, edición 2008



[Roma]

según se ha dicho existen muertos 
menos densos que el aire
 
con lo dicho basta para apreciar 
la fecundidad de la idea de Anaxágoras
 
la teoría postula movimientos que 
(como es sabido)
 
requieren para su realización de una fuerza 
dirigida siempre hacia 
la posición de equilibrio
 
cuando en Roma algo es desechado 
todas sus moléculas adquieren una velocidad suficiente 
para salir a tiempo por la Cloaca Massima 
a que el Tíber o el mar se las coma 
mientras tanto en el Ponte Palatino 
los pescadores aseguran sus anzuelos,
 
de esta imagen cinegética podemos 
deducir las leyes del viaje 
la estructura discontinua de la materia no impide el regreso,
 
volverán las oscuras golondrinas, 
volverán a saludar a los muertos en el fondo de nuestros platos, 
todo regreso es imán 
de la posición de equilibrio,



(Becerra, José Carlos. El otoño recorre las islas, prólogo de Octavio Paz, selección y notas de José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid, Era, México, 1973).

jueves, 2 de mayo de 2024

RETORNO DE ELECTRA / Enriqueta Ochoa

(Torreón, Coahuila, 1928 - Ciudad de México, 2008)


I

Para poderte hablar
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que desandar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poderte hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar que no se me encogieran las palabras,
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz. Padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo.
Ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que te fuiste.
Con tu muerte se quebrantaron todos los cimientos.
No me atreví a buscar
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre.
Malherida,
borré la sombra del sexo entre los hombres
y me quedé vacía, a la intemperie.
Y no pude decir
hasta que se hizo carne de mi carne el amor
lo que era hallar la propia sombra, entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos,
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado.
Por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante.


II

No podemos hacer nada con un muerto, padre.
Se suda sangre,
se retuerce el aullido tirado sobre las tumbas
en un charco de culpa.
Padre,
yo soy Pedro y Santiago,
el sable que doblado de sueño castró su espíritu
en tu oración del huerto.
Yo soy el viscoso miedo de Pedro que se escurrió
en la sombra a la hora de tus merecimientos.
Soy el martillo cayendo sobre tus clavos,
el aire que no asistió al pulmón en agonía.
Soy la que no compartió
el dolor anticipado que se enclaustró
a devorar su miedo,
la hendidura irresponsable,
la desbandada de apóstoles.
Soy este pozo de noche en que se hunde la conciencia.
Di, ¿qué se hace con un muerto, padre?
Di, ¿cómo lavo estas llagas
si todo queda inscrito en el tiempo
y todo tiempo es memoria?


III

Colgábamos de ti
como del racimo la uva.
Cuando la muerte
reblandeció el cogollo de tu fuerza,
presentimos el vértigo de altura y la caída.
Uno a uno,
en relación directa a la pesantez de tu esencia,
descendimos.
Bajo anónimas pisadas me vi saltar la pulpa,
sorprendida.
Y no era orgía de vendimia
ni enervación de culto.
Fue ser la sangre a la sed de todos los caminos,
dejar la piel desprendida
entre un enjambre de alambradas.
Ahora,
para afirmar la talla
con que tu amor me hizo
sólo queda una espina:
la palabra.

 

IV

Perdón, hermanos,
porque no alcanzo a verlos
ahogada como estoy en mi hoyo
de pequeñas miserias.
¡Mentira que deseo morir!
Antes quisiera conocerlos
sin mi lente deforme.
Quizá los amaría tanto
o más de lo que estoy amando
a mi lastre de lágrimas
en este viaje de niebla.

 

V

Padre,
no puedo amar a nadie.
A nada que no sea este fuego
de sucia conmiseración
en que se consume mi lengua.
Quiero otro aire.
Otro paisaje que no sean los muros de mi cuerpo.
Emparedada, desconozco el resplandor del centro
y la desnudez de la periferia.
Voy a abrir brecha hacia los dos caminos
y quizá quede atrás
la trampa de la vieja noria.


(De Retorno de Electra, SEP. Lecturas mexicanas, segunda serie, no. 72, 1987).